Campaña de la AECC: educación emocional en niños

La influencia de las emociones

Todas las emociones, tanto positivas como negativas, son inevitables y sin excepción igual de importantes en la vida. Sentimos miedo, ira, alegría o sorpresa de manera espontánea en diferentes situaciones. Algunas personas, al intentar controlar o negar estas emociones, es cuando, de manera errónea, desarrollan conductas alternativas perjudiciales para ellos y para los demás como, por ejemplo, el consumo de alcohol, tabaco u otras drogas. Reconocer y gestionar las emociones de la manera más adecuada podría, no solo protegernos de comportamientos autodestructivos o antisociales, sino además mejorar nuestra manera de afrontar los problemas.

Muchas personas tienen un buen manejo de sus emociones, porque así  lo han visto en su entorno o se les ha enseñado la manera de hacerlo. Pero no todo el mundo disfruta de esa ventaja, y por eso es fundamental disponer de la oportunidad de aprender a asumir y expresar estas emociones, para madurar de la manera más sana y evitar daños difíciles de reparar.

¿Cómo lograrlo?

Parte del éxito de una vida sana se encuentra en la educación emocional desde la infancia, para evitar no solo la aparición de comportamientos agresivos desde pequeños, sino también para prevenir que en un futuro puedan iniciarse en el consumo de sustancias adictivas.

La mayor parte de las conductas se aprenden, sobre todo, de padres y profesores. Ellos juegan un papel importante como ejemplos a seguir y, además, como facilitadores de este aprendizaje. Aunque es una labor que debe prolongarse a lo largo de los años, debemos tener en cuenta algunos aspectos básicos:

  • La identificación de las emociones es un importante punto de partida. Es primordial que el niño ponga nombre a lo que siente. Saber si se trata de tristeza, alegría, ira, miedo, aversión o sorpresa les ayudará a poner en marcha las habilidades para controlarlas.
  • Hay que reforzar la idea de que todas las emociones son necesarias. No existen emociones buenas o malas.
  • Debemos tener claro que no podemos evitar las emociones. Por mucho que intentemos hacerlo, no lo lograremos nunca.
  • Todos tenemos derecho a sentir y expresar nuestros sentimientos. Debemos permitir que lo hagan hablándolo, mediante dibujos, etc. Después, el niño puede pararse a pensar, desahogarse, aprender a reducir la intensidad desarrollando actividades que le distraigan, o redireccionar sus sentimientos hacia otros positivos escribiendo listas de todas las cosas buenas que tiene.
  • La educación emocional puede realizarse en el aula o en casa, siempre procurando aprovechar la situación adecuada, según surja en la vida cotidiana del niño.

Habilidades emocionales como prevención del cáncer

Sentir unas emociones u otras no influye en el desarrollo del cáncer, pero sí que podemos encontrar una relación indirecta. La mala gestión y la incapacidad de adaptación social del joven pueden llevarlo al consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias.

El alcohol en el organismo contribuye al desarrollo del cáncer de hígado, boca, esófago, laringe y estómago. El tabaco puede producir cáncer de pulmón, laringe, vejiga o páncreas.

Por tanto, la madurez emocional y prevención de conductas autodestructivas es una manera más de prevenir algunos tipos de cáncer.

La educación emocional en la aecc

Muchos profesionales de la Asociación Española Contra el Cáncer imparten en centros escolares El Bosque Encantado, un programa de educación emocional dirigido a niños de 7 a 9 años. En el aula los alumnos se forman y entrenan a través de juegos en la gestión de las emociones.

Con la realización de este programa se pretende:  

  • Dotar a los niños de la capacidad para identificar las emociones y facilitar que comprendan las relaciones entre las emociones y las situaciones en las que éstas se producen.
  • Entrenar a los niños en el uso de aquellas habilidades necesarias para expresar los sentimientos.
  • Dotar de pautas de comportamiento para aceptar los estados emocionales, tanto positivos como negativos, y proporcionar técnicas de control para regular las emociones sin exagerarlas o evitarlas.
  • Facilitar que los niños puedan extraer beneficio de todas las situaciones que provocan una emoción, ayudándoles a integrarse socialmente de manera sana, y evitando el riesgo de consumo de sustancias.


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