En prensa: Huelva.

Más de novecientas familias onubenses luchan contra los problemas de convivencia

El perfil psicosocial de estas familias, objeto de un estudio elaborado por la Universidad de Huelva y los Servicios Sociales Comunitarios.

El Área de Bienestar Social de la Diputación de Huelva está trabajando actualmente con 927 familias de la provincia en riesgo psicosocial, para su fortalecimiento y preservación. Núcleos familiares con menores y adolescentes atendidos por estos dispositivos de la Institución Provincial, que son la base de un amplio estudio, elaborado durante 9 meses, gracias a un convenio de colaboración suscrito entre la Universidad de Huelva y el Área de Bienestar Social de Diputación.
El tratamiento familiar en casos de menores con riesgo de desprotección leve, el apoyo a cuidadores de dependientes, la ayuda en caso de separación, divorcio u otras situaciones vitales estresantes y la gestión de prestaciones económicas complementarias al tratamiento que se hace con estas familias, son algunas de las actuaciones que realizan los Servicios Sociales Comunitarios de Diputación con estas familias en riesgo psicosocial.

Por su parte, el Programa de Tratamiento Familiar, que atiende en la actualidad a 212 familias, con 373 menores, representa, según Rocío Cárdenas, el segundo nivel de intervención específica, cuando el SAF no es suficiente para modificar la situación de riesgo de los menores. Sólo atiende a familias con menores que se encuentran en una situación de riesgo o maltrato moderado, y su finalidad es posibilitar la reunificación de estos menores sobre los que se han adoptado medidas de protección, disminuyendo los factores de riesgo para los menores y aumentando la capacidad educativa y de socialización de la familia.
El estudio elaborado por la Universidad de Huelva y los SS.SS.CC. de la Institución Provincial recoge información aportada por 82 adultos usuarios de los servicios sociales a través de los SAF (54,9%) y desde los ETF (41,1%).
Según este estudio, la mayoría de las familias participantes son estables, no excesivamente grandes, que viven en hogares pequeños y saturados, con un nivel objetivo de hacinamiento que afecta a algo más de la quinta parte de la muestra. Disponen de ingresos reducidos, inestables en algo menos de la mitad de las ocasiones, y por debajo del umbral de la pobreza en el 55% de los casos. La mitad de estas familias son receptores a su vez de otras ayudas sociales.
Un elevado porcentaje de estas familias son hogares monomarentales, funcionan bajo la responsabilidad exclusiva de las mujeres (separadas o divorciadas); y se caracterizan por fuertes lazos afectivos, al margen de su tamaño, composición o situación económica. Respecto a las familias biparentales, los resultados obtenidos apuntan hacia el importante papel que las relaciones conyugales parecen jugar en estas familias. Así, en el 85% de los casos las mujeres destacan al cónyuge como un apoyo, aunque en un 25% de los casos la pareja también es mencionada como fuente de problemas y conflictos.

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